Del miedo al amor – La historia de dos hermanos

Mi nombre es Moisés Sheinberg Frenkel. Comparto con ustedes la siguiente historia con el objetivo de que otros vean que no están solos y de evitar, en la medida de lo posible, sufrimientos innecesarios a otras familias.

No soy muy bueno para las fechas ni tengo muy buena memoria así es que mi relato seguramente será muy impreciso pero lo quiero contar según mis recuerdos, sin recurrir a nadie que pueda sesgarme. El día en que mi único hermano Beto “salió del clóset” fue por ahí de 1992 o 1993. Más que salir del clóset, al pobre lo sacaron casi a la fuerza y eso fue lo que más nos lastimó a todos, especialmente a él.

Yo tenía poco tiempo de casado, uno o dos años, cuando recibí una llamada de mi madre diciendo que a mi papá le habían dejado un papel en su coche, no recuerdo las palabras exactas pero decía algo así como “Beto Sheinberg es homosexual y me robó a mi novio”. notaenparabrisasMi primera reacción fue reírme pero mi mamá lloraba. Le dije a mi madre que no exagere, que seguramente alguien le quería hacer una maldad a mi hermano pero ella me dijo que mi papá lo confrontó y Beto le dijo que era cierto, que sí era gay.

A pesar de que nuestra familia fue siempre muy abierta y tolerante a las diferencias (de religión, de orientación sexual, de raza, etcétera) y de que yo tenía varios amigos abiertamente homo y bisexuales, me quedé helado cuando me enteré, por un tercero, de que mi hermano era gay. Sigue leyendo

Elías escribe sobre su hermano gemelo y su mamá lo comparte orgullosamente

Quisiera compartir con la comunidad lo que mi hijo escribió para una de las aplicaciones a la universidad. Me conmovió mucho y le pedí permiso si lo podía compartir… Un poco de Elías y Jorge: son gemelos, nacieron en Los Angeles y ahora están estudiando en Syracuse (Elias) y Jorge en Adelphy (Long Island). Sigue leyendo

Laila pregunta: ¿Cómo puedo hacer que mi papá acepte a mi hermano?

Buenas tardes,

Mi caso es el siguiente, mi hermano menor siempre fue “diferente.” Le gustaba jugar con mis barbies, era amanerado, le gustaba gritar de forma aguda, mi papá siempre dijo que era por que me veía a mi, aunque yo siempre supe que no era así, y mis papas solo se dijeron que lo hacia para molestar. El tiempo paso, y mi hermano no cambio, un día mi mamá y yo tuvimos una platica, donde salió el tema de mi hermano (siempre será mi hermanito) y dijo que la torah lo prohibe y que si él era así que era mejor no viviera si está prohibido por nuestra ley (Torah). Yo solo lloré, ni siquiera podia hablar, le dije que cómo era capaz de decir eso, que si creíamos en Hashem y él permite que nacieran personas gays, y supuestamente esta mal, ¿por qué lo hacia? ¿Qué acaso era malo? Tenía la certeza en Hashem que si lo permite es por algo, y que si un día mi mamá le daba la espalda a mi hermano, perdería a su hija. Sigue leyendo

Para ti, que estás en el closet

Hola.

He decidido escribirte. No sé por qué, tal vez porque hoy estoy “celebrando” 10 años de salir de mi propio clóset privado. Cualquiera que sea la razón, escribí esto. Espero que lo puedas leer hasta el final.

A pesar de que fue hace 10 años, recuerdo con mucha claridad cómo era la vida en el clóset. Vas caminando por la calle. Chicos guapos pasan a tu lado, pero no puedes mirarlos – por temor a revelar tu verdad. Y sales con chicas, y no es tan malo. Algunas de ellas sospechan algo de ti, pero tu haces todo lo posible por ocultarlo. Puedes incluso exagerar tu masculinidad con el fin de convencerla. No es difícil engañar a una chica que está enamorada de ti.

Y te empiezas a confundir con tus propias mentiras. Crees que porque te las arreglaste para acostarte con ella, que tal vez, quizás, seguramente, tu no eres en realidad gay.

Y si te casas con ella y tienes un hijo con ella, ¡ya la hiciste! En realidad no eres gay.

Pero por la noche tus sueños te traicionan. Sigue leyendo

Prayers for Bobby—Conmovedora película basada en una historia real.

Estas son de las pequeñas joyas que muchas veces pasan desapercibidas. Sin embargo, si tienes un rato, no te pierdas esta película que narra la historia de una familia en Estados Unidos a principios de los 80s en donde Bobby, uno de cuatro hijos, sale del clóset con su familia y no es muy bien recibido, especialmente por su mamá (Sigourney Weaver) con quien tiene una relación muy cariñosa. Ella está convencida de que Bobby se puede salvar a través del rezo y apego a Dios. Tras una tragedia, ella se ve en la necesidad de cuestionar su fé, y las doctrinas religiosas con las que creció y que la llevaron a reaccionar como lo hizo al oír sobre la sexualidad de su hijo.

Recomendada para los padres de hij@s LGBT y a los que hayan pasado un rato amargo al salir del clóset; o que todavía no lo hayan hecho por miedo a la reacción de sus seres queridos.

Prepara tus kleenex

(La película sólo cuenta con subtítulos en inglés)

¿Qué te pareció? ¿Crees que la mamá de Bobby se pudo redimir al final? ¿Cómo fue tu salida del clóset con tu papá/mamá? ¿Si pudieras cambiar algo, que sería?

NUEVA SECCIÓN: “Espacio Seguro” – para preguntas y respuestas.

  • ¿Tienes dudas acerca de tu orientación o de tu identidad sexual?
  • ¿Tu hija o hijo salió del clóset? ¿Te sientes desorientado? ¿Enojado? ¿Triste?
  • ¿No sabes cómo decírselo a tus papás?
  • ¿Te molestan en la escuela y no sabes a quién acudir?

¿Tienes muchas preguntas y no sabes a quién preguntarle?

PreguntasFoto

En Guimel abrimos un espacio para ayudarte a responder tus dudas. Las preguntas y respuestas son publicadas bajo un seudónimo.

Puedes dirigirte de forma anónima y confidencial o usando un seudónimo.

Discreción absoluta.

Te invitamos a que nos escribas por aquí o a nuestro correo, contacto@guimel.mx

También nos puedes llamar a nuestra Línea directa GUIMEL para contacto inmediato:

(55) 3885-4209

Esta semana presentamos dos preguntas. La primera es de un joven de prepa que se identifica como gay y que no sabe cómo decirle a sus papás, especialmente porque ellos creen que uno se hace gay y no se nace. La segunda es de una madre que acaba de oír la noticia de que su hija es lesbiana y le cuesta trabajo digerir esta información.

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Pregunta:

Tengo diecisiete años, soy alumno de segundo de prepa. Me considero inteligente, buen estudiante y sociable. Por lo visto soy gay. Durante el año pasado, he leído mucho acerca del tema de la homosexualidad, libros, investigaciones y artículos que he buscado. Mientras más leo más me identifico con lo que siento y con quién soy.

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Judíos gays ortodoxos demandan a terapeutas que prometieron volverlos heterosexuales.

(Nota: Éste es un artículo traducido que originalmente se publicó en el Huffington Post. Todas las ligas están en inglés.)

El martes, el Southern Poverty Law Center emitió la primer demanda de su tipo en contra de JONAH (Jews Offering New Alternatives for Healing, por sus siglas en inglés)–organización que supuestamente promete “curar” a las personas homosexuales.

La demanda de fraude al consumidor acusa a la organización “ex-gay,” que aplica una terapia de conversión, de engañar a los demandantes a creer que la homosexualidad es un “desorden mental” que se puede curar, reporta CNN.

La denuncia fue presentada en nombre de cuatro jóvenes y dos de sus padres. Los jóvenes alegan que JONAH los “atrajo a que pagaran por la terapia con prácticas engañosas,” de acuerdo al blog Think Progress.

Chaim Levin, de 23 años, es uno de los demandantes. (Foto: AP)

La demanda explica que la costosa terapia (puede costar hasta $10,000 USD al año), puso a los demandantes bajo “depresión, ansiedad y comportamiento auto-destructivo,” reportó CNN. Sigue leyendo

‘Uno puede ser judío religioso y gay’

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David Yabo Díaz, español, vive en Israel con su esposo Nadav. Se casaron en España pero ahora viven en Rishon Letzion desde hace un tiempo. David asegura que se puede mantener una vida religiosa judía y a la vez vivir abiertamente como gay, especialmente en un país como Israel.

Lee aquí el artículo del periódico español El Mundo.

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Los secretos

Nuestro paso por esta vida es demasiado efímero como para ignorar aquellas cosas que nos duelen, que nos amenazan, o que preferiríamos, por miedo, vergüenza, comodidad, no mencionar en voz alta.

Cuando acallamos las verdades que nos sacuden, jugando a que no existen, las pobres, impotentes, amordazadas, acaban por depositarse en la médula ósea de nuestra vida. Y así, poco a poco, casi sin darnos cuenta, hartos del encierro,estos secretos empiezan a buscar diferentes modos de salir de la prisión.
Y así, vengativos, los secretos comienzan a desquitarse con lo más preciado que tenemos: nuestra salud, nuestra alma, nuestro equilibrio emocional.

Son los secretos que más celosamente guardamos, los que nos carcomen por dentro, los que nos humedecen las manos con un molesto sudor, ―gélido, pegajoso y desagradablemente persistente―, que no es otra cosa que el llanto del pesar que envuelve nuestro espíritu y que encuentra, a través de las glándulas sudoríparas, una vía de escape.
Porque llenos de prejuicios, estúpidamente perdemos la oportunidad de aprender y de enriquecernos, ―a nosotros mismos pero también a los demás―, sin sospechar que cuando por fin nos atrevemos a romper el silencio, destapamos nuestras venas y la sangre fluye: fluyen los sentimientos, fluye la libertad.

Cuando optamos por ponerle nombre a las cosas, en realidad salimos del clóset directamente a la vida y la enfrentamos con la cabeza en alto, declarando ―tímidamente al principio, luego sin empacho―:
― “Mi hijo es gay, ¿Y qué”?

Como muchas otras madres y padres de hijos GLTB, pasé por el proceso de entrar al armario en el instante mismo en que mi hijo salió de él ante mí: Tenía dieciséis años, y hacía ya algún tiempo que la sospecha anidaba en nuestros corazones; el mío y el de su padre, que aunque tratábamos de ser lo más abiertos posible y de no dejarnos llevar por los estereotipos, no podíamos dejar de notar que nuestro adolescente era “demasiado sensible”, “demasiado frágil”, “diferente”.

Aquella mañana llamé a mi marido histérica.
―Tienes que venir rápido, encontré “material pornográfico” en la computadora.
Y aclaré:
―Pero no es lo “normal”, es diferente. No puedo explicártelo por teléfono, ¡por favor deja lo que estés haciendo y ven!
Las imágenes seguían allí, en la pantalla, escandalosas, exhibiéndose ante mí. Desafiándome. Había fotos de parejas homosexuales besándose, tomados de la mano, abrazados. La mayoría eran muchachos en ropa interior, posando en posturas sensuales.

―¿Crees que esto sea algo pasajero? ¿Será curiosidad?―
Mi marido iba borrando las direcciones de internet, una tras otra. Yo trataba de ser racional:
―Quizás no deberías borrarlas, es como una invasión a su intimidad.
―Pornografía es pornografía, y no me parece aceptable que en la computadora que comparte con su hermana y contigo…
―No me acuerdo que el mayor tuviera este tipo de fotos, tenía pornografía, si, pero de mujeres desnudas, de parejas haciendo el amor, “normal”.
Y su hermana, pues no, en sus archivos no tenía fotos de mujeres. Ni desnudas ni semidesnudas, ni besando a otras mujeres… qué es esto?

Cuando unos días después dejó “olvidada” sobre su cama la revista, entendimos que había llegado el momento de hablar con él. Teníamos claro que lo más importante era apoyarlo, asegurarlo, demostrándole que nuestro amor es incondicional. La revista era una publicación para jóvenes gay, llamada: “How to Come Out to Your Parents”, que leímos ávidamente con una extraña mezcla de alivio y de tristeza, mientras las lágrimas fluían copiosas, arrastrando con ellas las sospechas, los temores, los prejuicios, los miedos, ―y una luz nueva, interior, empezaba a iluminar nuestros primeros pasos por el closet que nuestro hijo había abierto ante nosotros, con la esperanza de que lo aceptáramos y no dejáramos de amarlo, invitándonos a crecer con él:
― Papá, Mamá, soy el mismo de siempre, sólo que ahora saben algo que antes no sabían.

Desde ese día han pasado más de diez años. Hemos aprendido que el proceso es largo, que hay momentos difíciles, ―como la primera vez que trajo a su novio a dormir―, que ser homosexual no es una elección, que no es algo pasajero, y que va mucho más allá de la relación carnal.

Deseamos lo que cualquier padre; que nuestro hijo se enamore, se case, sea feliz. Queremos tener la dicha de tener nietos suyos.
Sabemos que hay mucho por hacer. La lucha contra la homofobia y a favor de los derechos de los LGTB nos concierne a sus padres y a sus hermanos. Para eso es la familia.

En eso estamos.

Invitamos a otros padres, hermanos y demás familiares a hablar de lo que sienten. En Guimel hemos creado un espacio seguro y discreto para compartir nuestros sentimientos, dudas, preguntas… ¡No estás solo! Contáctanos.

La historia de un judío gay que pasó por la “terapia de conversión”

Sobreviviente de Terapoa Ex-GayJayson Littman es un hombre en sus treintas que vive en la ciudad de Nueva York. Jayson creció en un ambiente ortodoxo-judío. A los 21 años decidió que tenía que “hacer algo con sus atracciones hacia los hombres.” Su homosexualidad entraba en conflicto con ciertas creencias de su comundad por lo que decidió enrolarse–después de tratar otras alternativas– en un grupo que promete “convertir a los hombres homosexuales en heterosexuales.”

Poco sabía Jayson del daño psicológico que los “retiros” de la organización le causarían. Tampoco sabía que iba a ser un espacio en donde por fin se daría cuenta de que su atracción hacia otros hombres no iba a cambiar por más tfilot que rezara, o por más mujeres con las que salía en citas.

Lee aquí la historia completa de Jayson (en inglés).