Recibe GUIMEL reconocimiento de Comunidad Judía

Ciudad de México.- El pasado domingo 10 de abril del 2016 en el Foro de Orgullo Comunitario organizado

Luis Perelman, Presidente Honorario y Co-Fundador de Guimel recibiendo el reconocimiento.

Luis Perelman, Presidente Honorario y Co-Fundador de Guimel recibiendo el reconocimiento.

en conjunto por el Centro Deportivo Israelita y el Comité Central de la

Comunidad judía de México, Guimel recibió un reconocimiento por su labor, junto con otras 96 instituciones comunitarias.

Hubo presentaciones de los distintos programas que realizan estas organizaciones filantrópicas como nuestra Fundación, agradeciendo especialmente a los voluntarios por todo el trabajo y dedicación a las diferentes causas.

En Guimel estamos orgullosos una vez más de pertenecer a un grupo que apoya día con día a personas LGBT, sus familiares y amigos. Asimismo nos honra recibir este reconocimiento que nos motiva a seguir trabajando por una Comunidad y un México más incluyente.

 

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Luis Perelman, Presidente Honorario y Co-Fundador de Guimel recibiendo el reconocimiento.

Parte del equipo Guimel recibiendo el reconocimiento

 

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“No venimos a reclutar a sus hijos ni a causarles confusión”: Alex Aronovich, integrante de GUIMEL

Hace tres años, el 11 de abril 2012, Enlace Judío publicó un artículo que describía las tribulaciones  de una familia, la familia Aronovich,  para aceptar a su hijo gay. En nuestro sitio, la pareja Aronovich explicó cómo lidió con lo que parecía una terrible maldición, logrando salvar su cordura, su pareja, y conservar unida a su familia.Este artículo “sacó del closet” a muchos miembros de la Comunidad que  habían escondido sus preferencias sexuales, por miedo a la mirada de una comunidad cerrada.

Desde entonces, mucho ha sucedido, y el grupo judío de Gays , Lesbianas , Bisexuales y Transexuales ( LGBT) es ya una Asociación Civil.

La Comunidad Judía, a su vez, ya conoce este grupo y detecta su vulnerabilidad. Sigue reflexionando acerca de cómo abrirle ( o no) espacios comunitarios. Pero los “gays judíos” ya no son invisibles.

El hijo de Selma y Pepe Aronovich se llama Alexander. Cuando se realizó la entrevista, Alex se encontraba en Israel, pues había emigrado al Estado judío, donde se encontraba sirviendo en las filas de las Fuerza de Defensa israelíes.

Hoy, Alex volvió a México y, el martes 24 de noviembre, se encontraba dando una plática en el Senado de la República, acerca de los derechos de la minoría LGBT en el Estado de Israel.

Con información de Agencia de Noticias Enlace Judío Mexico

Alex Aronovich, integrante de Guimel en el Senado de la República

En esta ocasión tuvimos el honor de ser parte de la semana cultural de Israel en el Senado de la República; en donde Alex; integrante de Guimel que vivió por 20 años en Israel dio una platica acerca de la historia y la situación para miembros LGBT en Israel.

Con contenido de Enlace Judio

Del miedo al amor – La historia de dos hermanos

Mi nombre es Moisés Sheinberg Frenkel. Comparto con ustedes la siguiente historia con el objetivo de que otros vean que no están solos y de evitar, en la medida de lo posible, sufrimientos innecesarios a otras familias.

No soy muy bueno para las fechas ni tengo muy buena memoria así es que mi relato seguramente será muy impreciso pero lo quiero contar según mis recuerdos, sin recurrir a nadie que pueda sesgarme. El día en que mi único hermano Beto “salió del clóset” fue por ahí de 1992 o 1993. Más que salir del clóset, al pobre lo sacaron casi a la fuerza y eso fue lo que más nos lastimó a todos, especialmente a él.

Yo tenía poco tiempo de casado, uno o dos años, cuando recibí una llamada de mi madre diciendo que a mi papá le habían dejado un papel en su coche, no recuerdo las palabras exactas pero decía algo así como “Beto Sheinberg es homosexual y me robó a mi novio”. notaenparabrisasMi primera reacción fue reírme pero mi mamá lloraba. Le dije a mi madre que no exagere, que seguramente alguien le quería hacer una maldad a mi hermano pero ella me dijo que mi papá lo confrontó y Beto le dijo que era cierto, que sí era gay.

A pesar de que nuestra familia fue siempre muy abierta y tolerante a las diferencias (de religión, de orientación sexual, de raza, etcétera) y de que yo tenía varios amigos abiertamente homo y bisexuales, me quedé helado cuando me enteré, por un tercero, de que mi hermano era gay. Sigue leyendo

Sólo imagina — Relato de una mujer judía

Por Dra. Elisa Levy Tacher

Esta es mi historia pero, por un momento, sólo imagina que eres la típica niña judía. Creciste en el seno de una familia sefaradí, fuiste a una buena escuela judía. Atendiste a una tnuá. Creciste en las colonias Condesa, Narvarte y Del Valle. Tu círculo social y familiar ha permanecido constante durante la mayor parte de tu vida.

Tus problemas familiares varían desde el divorcio de tus padres hasta tiempos económicos difíciles. Entre los años 70s y 80s en tu círculo social, era común tener éste tipo de dificultades, así que, en comparación a otros amigos, tu situación no era crítica.

Imagina que tuviste una niñez y adolescencia llena de cariño. Imagina que eras popular en la escuela. Tu temperamento era fácil y llevadero. Tenías un círculo social sólido y sobre todo en los años adolescentes, fuiste muy feliz. Tu familia, la escuela y la tnuá te proveyeron del apoyo para desarrollarte como una joven inteligente, emprendedora, sana y fuerte. Tuviste la suerte de enamorarte de jóvenes buenos y experimentaste relaciones duraderas. Después de la preparatoria, te fuiste a viajar por Europa y viviste en Israel por un año. Pudiste comparar tu estilo de vida con el de otros jóvenes procedentes de otros países y concluiste que, te había ido bien.

Imagina que tuviste la oportunidad de estudiar en una Universidad privada donde sobresaliste como estudiante y te graduaste como psicóloga. Fuiste muy afortunada de tener increíbles oportunidades para ser exitosa. O sea, la primera licenciada en psicología en la historia de la familia.

Ahora imagina que un día conoces a alguien con quien eres compatible y pasas momentos inolvidables. Sus intereses son similares. Tu deseo de estar con esta persona crece por segundos y al final de la semana, cuando haces un recuento, se han visto diario. Te sientes plena y tu vida está llena de propósito. Las semanas se convierten en meses y la verdad es inevitable. Un día, por fin lo admiten. “¡Esto no es solo una amistad, ay caray, estamos enamoradas!”

Imagina que aunque tu presente es radiante, una nube negra se asoma. Te empiezas a cuestionar. ¿Qué me pasa? ¿Cómo le voy a decir a todos? ¿Qué voy a hacer con mis sueños de ser madre? ¿Ser lesbiana es una aberración? ¿Estoy enferma? ¿Puedo alejarme de esta relación? ¿Me seguirán queriendo a pesar de que amo a esta mujer? ¿Me aceptaran a pesar de que amo a una mujer? ¿Por qué soy así?

Después del cuestionamiento, se asienta el miedo y la paranoia. Imagina que tienes pavor de perder a los que más quieres. Tienes miedo de ser excluida. Tienes miedo del futuro. Fuiste criada con ciertos valores y expectativas que ahora se derrumban.

Entonces, decides que lo mejor es terminarlo todo. Tratas de romper con esta relación que te llena de satisfacción pero, no puedes. El dolor es tan agudo. Lloras por todo y por nada. Los que te aman te extrañan pero, no puedes verles y decirles lo que vives. Te sientes sola y aquella alta estima que tenías de la persona que eras, se desploma. Te culpas de todo lo que ocurre y tu relación con la mujer que amas se ve afectada. Ambas tienen miedo, ambas se sienten solas, desconfían de la gente y se sienten sucias. Ambas se van perdiendo.

Imagina que tu personalidad radiante y llevadera cambia y te vuelves evasiva y sombría. Antes compartías tus experiencias y eras clara con la gente. Ahora, lo callas todo y decides esconderte. Aunque tu relación continúa y la fortaleza de su amor las sostiene, la opresión social es inminente. Eventualmente, esta opresión se vuelve tu nueva realidad. Siempre estas sintiendo que vives una vida esquizofrénica donde por un lado, pretendes ser la mujer judía esperada, por el otro lado, estas con esta mujer que amas pero que nunca podrás presentarle a nadie.

La vida sigue así por años. A tus 28 años muere tu papá. Más eventos sociales donde pretendes ser alguien que no eres. Recibes más deseos de “Novia que te veamos”. Te hacen preguntas. “¿Tienes novio?” Hay otros que mencionan lo obvio…“Pero llevas años sin salir con nadie”. Tú sientes que no encajas, no cabes. ¿Qué respondes?

Tus amigas se han ido casando y están teniendo hijos. Tú deseas lo mismo. Tu sueño es formar una familia. A ninguna le has dicho que eres lesbiana. La idea de perderlas es impensable. Finalmente, la opresión es tremenda y te rompes. Ya no puedes seguir así. Tus relaciones se ven afectadas profundamente y no encuentras las ganas de vivir. Imagina que el dolor te lleva a preferir no estar viva. La posibilidad de terminar con todo es muy atractiva. Piensas que de alguna manera, es lo más fácil. Planeas como hacerlo. En Cancún, visitando a un tío decides que saltar al precipicio sería tan sencillo. ¡Un brinco y ya! Pero, no puedes. No lo haces.

Imagina que, decepcionada por tu cobardía regresas a la casa de tu tío y te desmoronas. Entre sollozos le cuentas todo. Tu tío te abraza y te dice que te ama y que no importa lo que seas. Regresas a México y le cuentas todo a tu madre. Ella se impresiona pero, te dice que no importa y que te ama. Les cuentas todo a tus hermanos y te dicen que no importa y que te aman. Poco a poco les cuentas a tus amigas. Ellas te dicen que te adoran y que no importa. Todos se entristecen al oír tu historia. Muchos te cuestionan… “¿Pero por qué elijes esto?” Tú, no sabes qué contestar. No tienes las respuestas, sólo sabes lo que sientes. No tienes idea. No lo puedes explicar. Para ti, amar a otra mujer es tan natural como lo es el color de tus ojos o tu estatura. Y tal cual, no tienes el control ni para cambiar tu estatura, el color de tus ojos o lo que sientes por esta mujer.

En algún momento, tu realidad se convierte en un problema familiar. Esta situación se tiene que disimular. Esta discriminación no solo te afecta a ti. Hay que pensar en tus hermanos y sus familias. Sobre todo en tus sobrinos. Hay que lidiar con la comunidad. Tu secreto eventualmente se va compartiendo y la gente susurra tu nombre con un adjetivo calificativo que implica aberración. “Elisa la lesbiana.”

Imagina que tu comunidad, la gente con la cual creciste y amaste, es la misma gente que habla de ti despectivamente. Todo lo alcanzado en la infancia y adolescencia no es suficiente para demostrar que eres un individuo de alta calidad. Una ciudadana productiva e impecable, con valores basados en el amor y la lealtad. Entonces te das cuenta de que permanecer en la comunidad es un suicidio social. Así que, discretamente, te sales.

La oportunidad de vivir en otro país se te cruza en el camino y la tomas. Corres, huyes a otro país dejando todo atrás. Tus sobrinos, tu familia, tus amigas, tu México, tu idioma, tu cultura, y tu comunidad.

Imagina que esta típica niña judía es tu hija, tu hermana, tu prima, tu tía, tu amiga, tu madre, o tal vez, eres tú. Esa mujer judía fui yo.

Esta mujer judía no es un objeto, no es un estereotipo, no es algo perverso, no es algo prohibido. Esta mujer judía es alguien que como yo, ahora mismo está sufriendo los efectos de la opresión con la que vive. Como lo fueron mis sueños, los suyos de tener una familia tal vez estén amenazados. Como los míos, sus sueños de vivir una vida plena tal vez se estén derrumbando. Como lo soy yo, esta mujer judía es cautelosa, calculadora, siempre pensando en las consecuencias de sus acciones, temerosa, tal vez deprimida. Piensa en ella desde esta perspectiva y entonces decide. ¿Qué haces? ¿La abandonas o la amas?

Elías escribe sobre su hermano gemelo y su mamá lo comparte orgullosamente

Quisiera compartir con la comunidad lo que mi hijo escribió para una de las aplicaciones a la universidad. Me conmovió mucho y le pedí permiso si lo podía compartir… Un poco de Elías y Jorge: son gemelos, nacieron en Los Angeles y ahora están estudiando en Syracuse (Elias) y Jorge en Adelphy (Long Island). Sigue leyendo