Historia de una transexual colombiana [y judía]

Por Verónica Maza Bustamante para MILENIO

México D.F. • Me llamo Laura Weinsten y nací en la ciudad de Bogotá, Colombia, en el seno de una familia judía. Mi infancia transcurrió en soledad, porque no entendía que la gente no comprendiera lo que yo vivía. Sabía que era diferente, algo me pasaba, mi vida era distinta. Cuando me di cuenta de que los chicos me gustaban pensé que era la única persona así en el mundo. Pero, además, me gustaba todo lo relacionado con lo femenino. Eso generaba momentos de mucha tristeza. A los ocho años ya sufría de depresión. Por ejemplo, pensaba: ¿Por qué no puedo jugar con muñecas y tengo que hacerlo con carros? En Colombia, los paquetes de papas fritas traían unos muñequitos muy pequeños que se convirtieron en parte de mi niñez. Con ellos me creaba una vida: les hacía faldas, les ponía accesorios. A mí mamá le regalaron una Barbie. Cuando no estaba, la agarraba para jugar y me sentía feliz.

“Cuando tenía cinco, seis años, fue la primera vez que me puse prendas femeninas: un

Foto: Sandoval

Foto: Sandoval

vestido de mi hermana, con flores, y un sombrero de mi mamá. Teníamos un patio interno muy bonito y yo salí a caminar ahí muy orgullosa. Mi padre se enteró. Me encerró en un cuarto oscuro por horas. Hoy en día me aterra estar en lugares cerrados sin luz. Lo único que se me ocurrió fue rezar, porque me sentía sola. No entendía qué era lo malo que había hecho.

“No sabía qué era eso de la feminidad, de la masculinidad. Cuando me preguntaban: ‘¿Y usted qué es?’, respondía: ‘Femenino’. Se reían, se burlaban pero nadie me explicaba. Era doloroso porque no entendía por qué se burlaban de mí. Tengo muy presente una vez en que me tomaron una foto cuando tenía 11 años, con dos primos. Yo estaba en medio, ellos a los lados. Me pareció muy bonita, porque siempre he sido muy soñadora. Les dije: ‘¡Parezco una flor!’, y por años se rieron de mí.

“En la adolescencia nadie me invitaba a fiestas. Los demás sí iban pero nunca me invitaban, así que fui a la primera hasta los 22 años. Mi hermano, cuando yo tenía 14 años, me agarró con sus amigos para ‘enseñarme a caminar como un hombre’. Sentí un rechazo muy fuerte por parte de todos, pero debía acoplarme a lo que la gente quería para sentirme parte del mundo. Una amiga me dijo: ‘Yo te enseño a caminar como hombre y tú me enseñas a caminar como mujer’. Para mí los descansos en la escuela eran un tormento, porque estaba sola.

“Ya en la preparatoria me topé con las burlas también de los profesores. Me herían. Odiaba el deporte y me obligaban a jugar futbol. Esta es la historia de muchas personas trans, o simplemente incomprendidas, que tienen que cargar con un dolor tremendo.

“Cerca de casa había un grupo de mujeres transexuales en trabajo de calle. Mi papá me dijo que eran travestis. Me pareció interesante. Le pregunté a mi hermano qué era un travesti y me respondió que un hombre vestido de mujer. Eso volteó mi mundo, porque supe que era posible ser mujer siendo hombre. Comencé a frecuentarlos y me di cuenta de cómo las maltrataban los clientes, la policía, cómo se las llevaban para regresarlas lastimadas, les disparaban con balines. Comencé a crear lazos con ellas.

“En Colombia, el pirobo es un chico afeminado que aún no hace su transición. Ellas me gritaban: ‘Pirobito, ¿usted qué hace aquí? ¡Váyase para su casa!’. ¡No tenía aceptación ni en un lado ni en el otro! Una de ellas me jaló un día y me preguntó: ‘¿Usted qué quiere hacer de su vida?’. Le respondí que quería ser como ella. Me dijo: ‘¿Quiere ser como yo, con esta vida tan triste, tan solitaria? Sabe qué, váyase para su casa, estudie y cuando sea grande decida lo que quiera, pero no antes, no cometa los errores de muchas de nosotras’. Eso me hizo reflexionar y decidir hacerlo.

“Un día llevé a mi tía al hospital y llegaron unas chicas trans terriblemente heridas a las que no querían atender. Yo hice mucho alboroto, recordando a los médicos lo de su juramento de curar a todos. Como al final logré que las atendieran, pensé que pedir, aunque fuera a gritos, era una buena manera para hacer respetar sus derechos. A los 18 años iba manejando por una calle donde se paraban muchas mujeres trans. Vi que las estaba golpeando la policía, así que me paré, les abrí la puerta y les dije que se subieran. Más adelante nos detuvieron. Fue la primera vez que llegué a la cárcel. Todas esas anécdotas te llevan a querer hacer algo, comenzar a conocer el trabajo de otras activistas. Existen mujeres transexuales que hacen una labor muy valiosa. Nunca he ejercido la prostitución pero la siento muy cercana, y ellas han dado una lucha enorme para que tengamos algunos derechos. Ahora soy una de las coordinadoras del Centro Comunitario LGBT de Bogotá.

“Treinta años atrás no había las cirugías de reasignación sexogenérica, así que se ‘fabricaban’ los cuerpos con hule espuma. La policía les echaba agua y luego las sacaban de la ciudad, las desnudaban y las dejaban tiradas. Antes de la Constitución del 91 en Colombia, no podías tener prendas femeninas en tu casa; si te descubrían podías llegar a prisión. Ahora queremos derechos iguales a los de todos y una vida digna para las personas trans.

“Hay que abandonar el prejuicio y ver al otro como el ser humano que es. Necesitamos derechos igualitarios. Cuando veamos a una mujer trans en la calle no hay que violentarla u ofenderla. Muchas se hacen operaciones no adecuadas en su cuerpo y les traen problemas de salud. Sería más barato para el gobierno ofrecer una atención adecuada para la feminización que lo que están pagando ahora para solucionar los daños.

“El tema de vivienda y trabajo digno es muy importante. Los hombres trans también sufren violencia. Hay que educar y reeducar a los demás en algo que es fundamental en todas las sociedades: el respeto al otro, el no hacerle daño al otro.

Poster de la película

Poster original de la película

“Soy una mujer trans que tiene una religión como cualquier otra y soy judía. Vine a México para el Décimo Festival Internacional de Cine Judío; presenté la película Liberándose en la lluvia, que aborda de una manera muy especial el tema transexual. Los invito a que la vean porque muestra la realidad de las personas trans pero de una manera positiva, relacionada con la familia, con la pertenencia, con el ser aceptadas. Nos hace mucha falta la aceptación de la familia.

“Las personas transexuales no venimos de otro mundo. Nacimos como cualquier otra persona. Tenemos una mamá y un papá, no crecimos como plantas. El ser hombre o mujer está en la cabeza. Tiene que ver con roles sociales. Es muy triste concebir a las mujeres como tales sólo porque tienen vulva. Ser trans tiene que ver con la manera en que yo me siento y quiero que me vean, sin importar mi genitalidad, lo que hay debajo de mi ropa. Se trata de ser felices siendo quienes somos”.

Publicado originalmente el 9 de febrero en al sección de “El Sexódromo” del periódico MILENIO

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5 pensamientos en “Historia de una transexual colombiana [y judía]

  1. Es un gusto compartir algo de mi y de mis experiencias en la vida. Confió que lo que he vivido pueda servir a otros para enfrentar los retos que se deben vivir cuando se quiere ser quien siempre se ha sido. Ahora después de tantas cosas vividas puedo decirle a el mundo que soy feliz,, con una vida digna y llena de muchas alegrías.

  2. Hola Laura Soy la mamá de la hija de Manuel Otálvaro, quiero decirte que me dolío muchisimo saber que Manuel el hombre a quién amé por mas de 6 años andaba contigo según confesión de él al sentirse descubierto por mí porque no tiene ninguna intención de que su famiia se entere, te respeto y admiro porque eres una persona que ha luchado por lo que quiere en la vida y no tengo nada en contra de las personas como tu ya que he tratado con muchisimos de ustedes; pero como el me dijo estuvo en todo el proceso de tu transformación, lucha por él y sacalo de ese infierno de familia que tiene para que algún día mi hija pueda ver feliz a su papá

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